Sobre la estimulación cerebral profunda – Controversias
La estimulación cerebral profunda (ECP) es una técnica quirúrgica avanzada que utiliza electrodos implantados en regiones específicas del cerebro para tratar trastornos neurológicos y psiquiátricos. Las neuronas, responsables de generar señales eléctricas, han sido objeto de interés desde la antigüedad, cuando métodos rudimentarios, como descargas de peces eléctricos, se usaban para aliviar el dolor.
A partir del siglo XIX, avances en neurología y tecnología permitieron localizar funciones cerebrales y aplicar corrientes eléctricas a áreas específicas del cerebro. En los años 60, surgió la posibilidad de implantar electrodos que, mediante descargas controladas, interferían con las señales anómalas de ciertas regiones cerebrales, aliviando síntomas como el temblor en pacientes con Parkinson. Posteriormente, los electrodos evolucionaron hacia diseños más flexibles y biocompatibles, con baterías subcutáneas recargables que permiten ajustar parámetros de estimulación externamente.
Hoy en día, la ECP trata trastornos de movimiento (como Parkinson y temblores), epilepsia, dolor crónico y algunas condiciones psiquiátricas. Avances recientes incluyen neuroimágenes de alta precisión, que mejoran la colocación de los electrodos, y sistemas de estimulación más personalizados.
Por otro lado, los ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU) representan una alternativa no invasiva que está ganando terreno en los últimos años. Este método utiliza ultrasonidos concentrados para generar calor en puntos específicos del cerebro, creando lesiones precisas sin necesidad de incisiones. Bajo la guía de una resonancia magnética, el médico puede visualizar en tiempo real el área objetivo, aumentando la precisión del procedimiento. A diferencia de la ECP, el HIFU no requiere implantar dispositivos ni mantenimiento posterior, como el reemplazo de baterías. Sin embargo, al igual que las técnicas de lesión tradicionales, el HIFU implica un cambio permanente en el tejido cerebral, lo que limita la capacidad de reversión si surgen complicaciones o efectos secundarios.
La elección entre ECP y HIFU depende de múltiples factores, incluyendo la condición a tratar, la preferencia del paciente y la experiencia del equipo médico. Ambos métodos ofrecen ventajas únicas y siguen siendo objeto de investigación para optimizar su eficacia y reducir riesgos, ampliando las opciones terapéuticas disponibles.
Rafael García de Sola
Director de la Cátedra UAM “Innovación en Neurocirugía”
Jefe del Servicio de Neurocirugía
Hospital Ntra. Sra. del Rosario
Madrid
