Programa de Donantes de Cuerpo para Enseñanza e Investigación Médica de la UAM


Programa de Donantes de Cuerpo para Enseñanza e Investigación Médica

Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid

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Recientemente apareció en el diario El País un artículo Qué sucede con tu cuerpo si se lo donas a la ciencia, en el que se entrevistaba a Francisco Clascá, catedrático de Anatomía Humana en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y el que se describía el Programa de Donantes de Cuerpo para Enseñanza e Investigación Médica de cadáveres que lleva a cabo la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.
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El Servicio de Neurocirugía del Hospital de La Princesa está realizando prácticas en las instalaciones de la U.A.M anteriormente descritas y ha arrancado un programa de formación de sus Residentes en Anatomía Quirúrgica.
Cuenta con la colaboración del Departamento de AnatomÍa y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, especialmente de los Profesores Carmen Cavadas y Francisco Clascá.

Este programa consiste en la asistencia quincenal y práctica quirúrgica en cadáver. Comenzó en Septiembre de 2015 y, en este primer trimestre, se han estudiado y practicado los abordajes quirúrgicos anteriores, posteriores y laterales a la columna lumbar, torácica y cervical, en 7 sesiones continuas, los miércoles de 16 a 21h.

A continuación, y dado su interés, transcribimos algunos párrafos del artículo de El País antes mencionado:

“…El profesor Clascá recuerda que el interés por la anatomía siempre fue liderado por los cirujanos, que trataban de aprender en los muertos las técnicas para operar con menos riesgo. Durante siglos, los pioneros tuvieron que trabajar con cuerpos frescos y durante el invierno, para que el frío ralentizase el proceso de descomposición. Esas condiciones, añadidas a que muchos de aquellos trabajos tuvieron que realizarse en la clandestinidad, pueden explicar, según Clascá, muchos errores en la descripción del cuerpo humano en los tratados de anatomía clásica. A partir del siglo XIX, la llegada del formol mejoró la conservación. Esta sustancia se inyecta en los cadáveres y forma enlaces químicos muy fuertes deteniendo los procesos de autodestrucción celular y la actividad de las bacterias que nos pudren tras la muerte.

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Esos cuerpos conservados en formol son los que sirven para que se formen los estudiantes de anatomía “como si estuviesen delante de un libro”. Con ellos aprenden que ningún cuerpo es igual que otro y que incluso el brazo derecho de una persona es muy distinto de su brazo izquierdo. El formaldehído conserva las estructuras básicas del organismo, pero tiene algunas limitaciones. Los enlaces químicos que detienen la corrupción lo vuelven rígido, distinto de una persona enferma a la que hay que operar. Una de las opciones para superar esas limitaciones consiste en emplear cuerpos troceados y congelados, que se van descongelando cuando se pretende trabajar con una parte concreta. En este caso, las técnicas de congelación mejoran las condiciones de trabajo de los cirujanos que diseccionaban en invierno para aprovechar el frío, pero la descomposición del organismo sigue siendo rápida y los trozos descongelados no se pueden volver a utilizar. Un cráneo serviría así para estudiar el oído, pero no la mandíbula, que se echaría a perder una vez descongelado. Además, al no esterilizar los cuerpos, hay un mayor riesgo de infección para quienes practican con ellos.
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Los cirujanos con experiencia buscan reducir su margen de error practicando con cadáveres.ampliar foto
Los cirujanos con experiencia buscan reducir su margen de error practicando con cadáveres. F. C.
Una tercera opción, más sofisticada, pero también más cara, es la que está empleando Clascá y su equipo en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue desarrollada por Walter Thiel, director del Instituto Anatómico de Graz (Austria), durante tres décadas de trabajo. En lugar del formol, Thiel inyectaba en los cuerpos una mezcla de sales, ácido bórico, antiséptico, etilenglicol, anticongelante y una pequeña cantidad de formaldehído. Ese líquido detiene la putrefacción, esteriliza el cuerpo y lo mantiene flexible, con un aspecto de los órganos mucho más parecido al de un paciente vivo. Así se eliminan los riesgos biológicos y se puede aprovechar al máximo las distintas partes del cuerpo que se pueden conservar.

La preparación, no obstante, requiere una inversión inicial importante, porque además de las soluciones que se inyectan en el cuerpo se requieren grandes cantidades de los productos que se emplean en el proceso para llenar unos contenedores en los que los cadáveres deben permanecer sumergidos durante seis meses. Después, se llevan a un almacén refrigerado donde se guardan hasta el momento de utilizarlos. “Realizar bien esta técnica requiere mucho aprendizaje y una inversión importante, pero después merece la pena”, apunta Clascá. En España, solo la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universidad Miguel Hernández de Elche aplican esta técnica.

Una vez tratados, los cuerpos están listos para ponerse en manos de los médicos que realizan los cursos impartidos en la universidad. Por un lado, sirven para que cirujanos jóvenes los utilicen como una especie de simulador de vuelo en el que acumular horas de práctica antes de aplicar el bisturí a personas vivas. “Es una forma de salvar vidas y de limitar los errores en las cirugías”, apunta Clascá. Además, se emplean para que algunos de los mejores cirujanos del mundo pongan en práctica intervenciones experimentales. Es el caso de Mario Fernández, jefe del Servicio de Otorrinolaringología en el Hospital Universitario del Henares (Madrid), que ha desarrollado una técnica para tratar tumores de faringe y laringe a través de la boca, sin necesidad de realizar incisiones en el cuello y reduciendo el tiempo de recuperación y las secuelas. “En los cadáveres tratados con formol, la laringe queda muy coagulada, pero con Thiel queda bien y se puede utilizar para este tipo de pruebas”, señala Clascá.
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Prácticas similares, en las que cirujanos especializados en intervenciones concretas enseñan a sus colegas, también se han realizado con expertos en operar el plexo braquial. Esta estructura nerviosa de la base del cuello queda muy dañada en los accidentes de moto y si no se trata de forma adecuada puede dejar inutilizado el brazo. Todas estas técnicas surgen de la práctica diaria de los médicos, pero se pueden perfeccionar reduciendo riesgos gracias a los cadáveres. Otro de los grupos de profesionales que utilizan los cuerpos donados a la ciencia para mejorar su trabajo son los anestesistas. Con técnicas de ecografía, pueden estudiar los puntos del organismo en los que aplicar la anestesia para reducir las cantidades necesarias y con ello el tiempo de recuperación. Los enfermeros también pueden practicar técnicas complicadas, como la inyección de fármacos en el hueso para recuperar a pacientes que han perdido mucha sangre y en los que es imposible encontrar una vena. Por último, Clascá cuenta que también colaboran con empresas de bioingeniería que utilizan sus cadáveres para probar nuevas prótesis, técnicas para cerrar el esternón tras una operación a corazón abierto o la implantación de tornillos en la columna vertebral.

Sobre la financiación de la preparación de los cadáveres o del equipamiento de las salas en las que se realizan los talleres de formación, Clascá explica que se cubre con los ingresos que generan los propios cursos. “Tanto los profesores como los alumnos provienen de centros públicos y privados y la consideración que prima es la altura científica de los programas y el prestigio profesional de los profesores”, apunta el catedrático.

Este catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid cuenta que decidieron explicar mejor lo que hacen a raíz de la incertidumbre creada por el caso de la Complutense. Además de acercarse a medios como este, pusieron en marcha una página web en la que tratan de aclarar las dudas de quien se plantee dejar su cuerpo a la ciencia. El número de donantes, que ahora ronda los 70 u 80 cuerpos anuales, descendió, cuando su capacidad les permitiría gestionar el doble de donaciones. En la Universidad de Barcelona reciben alrededor de 250 cuerpos al años y en la Universidad Miguel Hernández, 150….

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Programa de Donantes de Cuerpo para Enseñanza e Investigación Médica

En la web del Departamento de Anatomía, Histología y Neurociencia, describen el objetivo y la forma de colaborar con este programa de donación

La donación del cuerpo a la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid es un acto altruista y solidario, de gran trascendencia sanitaria y social.

Gracias a la generosidad de las personas Donantes, miles de estudiantes de nuestra Facultad, así como muchos médicos y cirujanos en ejercicio, pueden aprender a fondo la Anatomía Humana y practicar nuevas técnicas médicas o quirúrgicas sin riesgo para ningún paciente. Este aprendizaje contribuye así, de modo directo, a mejorar la asistencia sanitaria que estos profesionales nos prestan a todos.

La Universidad Autónoma de Madrid se hace cargo de los costes económicos del traslado en un vehículo funerario desde el lugar del fallecimiento hasta la Facultad de Medicina. Cuando termine su uso, la Facultad se encargará igualmente de la incineración de los restos. No obstante, si lo desea, la familia puede solicitar la devolución del cuerpo para organizar entonces, por cuenta propia, un entierro o incineración particular.

Respetando la voluntad de las personas Donantes y para garantizar el debido cuidado de los cuerpos donados, nuestro Programa nunca los cede a otras Facultades. Así, las familias saben siempre el lugar donde se encuentra el cuerpo y la finalidad de su uso. El Programa garantiza el anonimato de las personas Donantes tanto antes como después de su fallecimiento.

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