Todas las claves para hacer ejercicio tras una intervención de hernia discal


Todas las claves para hacer ejercicio tras una intervención de hernia discal

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Ejercicios tras una intervención de hernia discal

La hernia discal se produce cuando el núcleo pulposo de un disco –una especie de amortiguador entre las vértebras de la columna- sale al canal raquídeo, presionando nervios cercanos o la médula espinal. Cuando la lesión ha evolucionado y el tratamiento paliativo no es suficiente, ha llegado el momento de la intervención.

Afortunadamente, hoy día disponemos de técnicas mínimamente invasivas para las que contamos con el apoyo de avances, como el neuronavegador, que aportan grandes ventajas para el paciente en este tipo de cirugía:
– La intervención es menos agresiva
– La recuperación es más rápida
– Hace la intervención accesible a personas con un estado “delicado” de salud (por ejemplo, personas mayores o con pluripatología).

Tras la intervención, el especialista le pautará qué puede beneficiar a su recuperación y el ejercicio físico debe formar parte de esta etapa.

La literatura científica revela que el ejercicio es un componente común del tratamiento de hernia de disco, porque su práctica contribuye a la recuperación precoz, reduce el dolor y asegura la salud de la espalda a largo plazo.

De hecho, el ejercicio es una forma efectiva para fortalecer y estabilizar los músculos de la zona baja de la espalda y prevenir más lesiones y dolor. Una musculatura fortalecida contribuye, por ejemplo, a soportar el peso corporal. En ningún momento es necesario llevar a cabo un programa de ejercicio cardio-intenso o levantar peso. Lo más probable es que el especialista ‘prescriba’ programas de estiramientos (como el Yoga o el Pilates que mejoran la fuerza y la flexibilidad) y ejercicios aeróbicos que pueden controlar eficazmente el dolor producido por la hernia de disco.

A esta ‘receta’ se suman los ejercicios de estabilización lumbar dinámica. Un programa que incluye ejercicios que trabajan los músculos abdominales y la espalda para hacer frente a la postura, la flexibilidad y la fuerza. Las actividades aeróbicas moderadas, como caminar, montar en bicicleta o nadar, también ayudan a aliviar el dolor.

Pautas a seguir para realizar el ejercicio adecuado

-Si desea practicar ejercicio debes contar con la aprobación de tu especialista previamente.

-Puesto que se trata de una lesión derivada de una fuerte o constante presión en la zona cervical, dorsal o lumbar la primera pauta que debe evitar cualquier tipo de impacto dañino. Sobre todo los primeros meses tras la intevención, no comiences con un entrenamiento aeróbico donde predomine la carrera puesto que podría resultar agresivo

-Cualquier actividad que no implique un impacto elevado es recomendable. En este sentido la natación, la elíptica o la bicicleta estática son muy beneficiosos. De esta forma podrás seguir con tu progreso aeróbico sin necesidad de poner en peligro tu columna vertebral.

-No es conveniente someter a la columna vertebral a cargas axiales que recaigan sobre la columna, por ejemplo la sentadilla con barra donde todo el peso se apoya en ella.
-Se debe mantener la espalda en una posición cómoda y recta de tal forma que las curvas de la columna no se acentúen en exceso.

En líneas generales, además de reforzar suave y constantemente toda la musculatura corporal y paravertebral, hay que hacer hincapié en los músculos dorsales que mantienen la columna erecta. En este sentido, por ejemplo, la natación a espalda es muy recomendable.

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